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Alberto Mansfeld PizaNació en Altona, Alemania, el 11 de Marzo de 1866. Luego de finalizar sus estudios, decide viajar a Chile en busca de nuevos horizontes y de un lugar en donde desahogar su alma de filántropo.

Su personalidad generosa y llena de entusiasmo servidor, lo lleva a incorporarse a las filas de la Séptima Compañía de Santiago. Luego de un año de absoluta entrega y guiado por su vocación de salvamento, decide ingresar a la Sexta Compañía. Así, el 14 de agosto de 1892, La Salvadores y Guardias de Propiedad, abre sus brazos para recibir a quien la cubriría de una gloria altruista que sólo saben entregar los hombres visionarios.

Su primera misión fue la de integrar la delegación de voluntarios santiaguinos que participarían en los funerales de uno de los primeros mártires del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso. Al finalizar la ceremonia, la ciudad porteña se veía enfrentada a un incendio de grandes proporciones. La delegación santiaguina  decidió prestar colaboración en la extinción del incendio. Su misión consistiría exclusivamente en el salvamento de bienes. Sin embargo, Alberto se percata de la presencia de una mujer atrapada por las llamas en el interior del viejo inmueble a punto de derrumbarse. Sin pensarlo dos veces, acompañado por el auxiliar Carlos Reichart, penetra las embravecidas olas de fuego, rescatando a la víctima de aquellas que ya le daban su abrazo mortal.

El Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, distinguió al joven voluntario y a su acompañante con “La Medalla de Plata”, por tan meritoria y heroica acción.
En 1899, el ya más maduro voluntario Mansfeld, movido por su siempre inquieto espíritu de perfección, inicia gestiones en el Directorio del Cuerpo, para dotar a la institución de material de incendio más acorde con las edificaciones de la época. Con esta finalidad, Alberto crea una comisión dedicada a la elaboración de un proyecto que permitiría traer a Chile la primera escala mecánica. Es así como el 7 de noviembre de 1901, rinde cuenta a la Compañía del dinero recaudado para la obtención de éste material. Eran $4.451 obtenidos con enormes esfuerzos y sacrificios, pero que llenaban de orgullo a aquellas almas generosas que no se amilanaban hasta no ver cumplidos sus anhelos de perfección.

Gracias a las gestiones realizadas por Alberto, la ciudad de Santiago pudo contar con ese moderno material de altura que algunos años antes no era sino sólo una aspiración utópica. Dos años más tarde, esta pieza de material mayor sería bautizada con el nombre de otro sextino: Manuel Antonio Matta.

Ese mismo año, el entonces Capitán Alberto Mansfeld, propone crear el primer servicio de ambulancias para bomberos, para de este modo prestar una atención más oportuna a los voluntarios lesionados en actos del servicio. Este equipo de emergencia creado por Mansfeld, será reemplazado varios años después por el Servicio de Asistencia Pública.
Su preocupación por el personal iba muchas veces más allá de sus obligaciones como oficial. Ya en 1900, había realizado un viaje a Europa para traer una dotación completa de cascos y hachas; cascos de modelos exclusivos que aún conservan algunos viejos sextinos.
Su fraternal amor por el hombre, su humildad excepcional y su espíritu de superación fueron las principales cualidades que lo llevaron a ocupar el cargo de Director de la Clínica Alameda, importante institución de la época, que siempre brindó apoyo y atención a los voluntarios lesionados en el cumplimiento del deber.

En el invierno de 1904, un voráz incendio se declaró en las calles Morandé y Catedral (esquina nor poniente) Alberto Mansfeld cae herido. La Ilustre Municipalidad de Santiago, reconociendo su abnegación y entrega sin límites y a raíz de este accidente, lo condecora con “La Medalla al Valor”.

En agosto de 1906, la ciudad de Valparaíso se veía sacudida por un trágico terremoto que dejaría muertos y desolación por doquier. El Cuerpo de Bomberos de Santiago envió a cien voluntarios para que colaboraran en la triste misión de rescate de las víctimas y auxilio a los heridos. Esta valiosa selección de voluntarios estuvo a cargo del Capitán de la Sexta Alberto Mansfeld Piza que en breve tiempo más (1912) , sería llamado por la Institución para ocupar el cargo de de Segundo Comandante del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Ya en el puerto, sin temor al implacable rugir del a tierra herida que asolaba sin piedad a los sufridos habitantes de la región, supo dirigir en el terreno mismo, al puñado de voluntarios que, una vez más, entregaban su generoso esfuerzo a la Ley divina de “tender la mano al hermano caído”.

En 1907, de propia iniciativa, viaja a Berlín, donde desarrolla importantes investigaciones destinadas a reestructurar el sistema de alarmas del Cuerpo. Traería consigo el auxilio de la avanzada tecnología germana desarrollada por el hombre del guego de aquella lejana tierra.

En 1908, desempeñando el cargo de Segundo Comandante, hace realidad un gran sueño sextino. Gracias a sus gestiones y aporte económico, la Sexta Compañía contaría con su primer carro porta escalas marca Douzet, que llevaría el nombre del primera mártir del Cuerpo de Bomberos de Santiago: Germán Tenderinni. Es así como nace la legendaria historia del “Carro Tenderinni”, denominación que aún en nuestros días suele usarse en los carros porta escalas de la Salvadores y Guardias de Propiedad.

Años más tarde, en 1920, el Directorio del Cuerpo encarga al voluntario Mansfeld la misión de realizar un estudio tendiente a dotar al Cuerpo de nuevos carros bombas, tarea que cumple a entera satisfacción institucional.

En reconocimiento a su permanente entrega a la causa bomberil, el Gobierno de Chile, le otorga en el año 1926 la Medalla de Primera Clase, condecoración que él sabría llevar con humildad delante de su generoso corazón de bombero voluntario de nuestra querida tierra.

Pero no se detiene aquí la labor de este inquieto sextino. Es así como también descubrimos que el Gobierno alemán le reconoce sus méritos otorgándole la “Cruz de Hierro”, por servicios prestados a ese país en el desarrollo de los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial.

La Sexta, su amor de Juventud y vida postrera, aquella que le extendió sus brazos, cuando con mirada inquieta buscaba su destino, decidió otorgarle su máximo galardón el día 6 de enero de 1945, la medalla “Cruz de Hierro”. Cinco años más tarde, el Director Honorario y ex Vicesuperintendente Alberto Mansfeld Piza, recibiría su premio por cincuenta años de servicios en el Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Gentileza
Sr. Alejandro Peñaloza S.
Voluntario
Decimotercera Compañía