El Incendio en El Colegio de los Padres Franceses

 Fue un día miércoles 7 de Enero del año 1920. La Sexta para aquél entonces contaba con tres máquinas: El siempre romántico carro "Tenderini" marca Mann; la colosal mecánica "Matta" tirada aún por los siempre fieles Tirano y Palique (caballos) y el carro o furgón "Rojas", dotado, entre muchos otros materiales, de una contundente partida de escalas y deslizadores.

Pasado meridiano (12:25 Hrs), según consignó el joven Teniente Segundo de la Compañía, don Daniel Zamudio, la Sexta era despachada a las esquinas de Delicias y Campo de Marte, hoy, Alameda esquina de Almirante Latorre. Al incendio sólo concurre el carro Rojas por encontrarse nuestro Tenderini fuera de servicio y la mecánica Matta en reparaciones. Es importante destacar que, para esos años, la titularidad en la concurrencia a incendios correspondía al carro Rojas pues, poseía una importante y completa asignación de material para incendios: deslizadores, escalas, canastos de salvamento, lonas, faroles, antorchas, un carrete "gallo" repleto de tiras de mangueras y cuerpo de bomba para armarse a grifo y alimentar a las compañías de agua.

Al llegar al lugar, se observa que el fuego se encuentra en el ala poniente del Colegio -esto es hoy al costado del inmueble por calle Almirante Latorre-, propagándose con rapidez hacia la capilla del colegio y demás locales; generando un incendio, para ese instante, ya de media manzana.

La tarea asignada para la Sexta fue la del salvamento de los bienes por lo que, junto al personal de la Tercera Compañía, se ingresó al inmueble por el segundo piso de calle Campo de Marte; armando escalas para su ingreso y el deslizador para lanzar los muebles rescatados. El lugar es descrito como de difícil acceso y de muchas habitaciones, salas y laboratorio por lo que el personal se enfrentaba a un laberinto lleno de humo y en donde se podía sentir el aumento en la temperatura. A los pocos minutos, una "ignición fugaz", como así lo escribe en sus líneas el Teniente Zamudio, abraza en llamas con extrema rapidez el lugar en donde se encontraban trabajando la Tercera y Sexta, lo que obligó a una inmediata evacuación. Era tanto el personal apostado en el segundo piso que todas las escalas dispuestas en el exterior, no soportaron el peso de quienes salían presurosos y se quebraron. Lo mismo acontecía con el deslizador de salvamento, compuesto de fuertes batientes a los lados y de un resistente tejido de lona que tristemente no dio abasto para tanta demanda.

Los voluntarios y auxiliares que aún no lograban escapar del inmueble, abarrotaban las angostas ventanas del segundo piso y sufrían lentamente quemaduras en sus espaldas por el avance del fuego. Algunos, en su desesperación, se lanzaron desde el segundo piso, como así fue el caso del auxiliar de la Sexta don Benigno Martínez quién, pese a no sufrir fractura por la violenta caída, debía enfrentar graves quemaduras en su rostro y el compromiso en uno de sus ojos. Otros en tanto, aún apostados en el piso superior, sufrían quemaduras de consideración. El voluntario Sexta, don Humberto Toro, bajaba con quemaduras en su rostro y ambas manos mientras que lo mismo ocurría con Mariano Drouguett. No mejor suerte acontecía con el auxiliar Antonio Gil quién era recogido por sus compañeros con la cabeza y torso completamente quemados, mientras que el también auxiliar Víctor Hidalgo, escapaba con graves contusiones productos de los golpes de la caída.

Casi moribundo y completamente quemado, era trasladado con prioridad por sobre sus compañeros heridos, el auxiliar sextino José López Torres de quién no se tenía muchas esperanzas de sobrevida. En un primer momento su traslado se efectuó al Hospital San Vicente como al resto de los quemados pero, debido a su gravedad, se optó mejor por llevarlo al Hospital Alemán en donde su director era el voluntario de la Sexta don Alberto Mansfelt.

Al finalizar las labores de arduo trabajo en el incendio, a las Seis PM, según lo registra el Teniente Zamudio en el libro de novedades de la Sexta, un triste balance de 52 voluntarios heridos de diferentes compañías, hacía presagiar lo que hasta esas alturas era inevitable dada la consideración de las lesiones de muchos.

En la madrugada del día jueves, el Secretario de la Tercera, el joven Florencio Bahamondes dejaba su agonía para enlutar con el oscuro velo del dolor a nuestra Institución. Don Florencio Bahamondes Álvarez pasaba a ser el noveno mártir del Cuerpo de Bomberos de Santiago para el año 1920. Los funerales del joven tercerino se efectuaron en el Cementerio General recibiendo a un centenar de personas que querían acompañar y expresar su gratitud a quién había alcanzado la gloria en cumplimientos del deber. Terminados los funerales, la Sexta, en estricta y marcial formación, marchaba hacia el Hospital San Vicente para visitar de uniforme de parada y estandarte a los voluntarios y auxiliares heridos en el Incendio.

Exactamente una semana después, a las tres de la tarde según consta en los registros, desde el Hospital Alemán de Santiago se informaba del fallecimiento de otro voluntario. Alejandro Acosta Lillo, insigne voluntario de la Séptima, que había resultado con gravísimas heridas en el combate del incendio. Acosta, se había aferrado a la vida por todos estos días, sin embargo la gravedad de sus lesiones pudo más y ponía fin a su calvario de dolor y terrible agonía.

 

A.P.S.

 

Fotografías:

Auxiliar de la Sexta José López Torres

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Frontis del Colegio de los PPFF.

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Exterior del Laboratorio del Colegio

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Quemados en el Hospital San Vicente

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