El día 21 de Octubre, la sexta compañía de “Salvadores y Guardia de Propiedad” se enlutese con la pérdida de nuestro Voluntario Honorario Juan Araya Arancibia (QEPD), quien sirviera a la Institución por más de 40 años, caracterizándose por ser un hombre cuya vida estuvo llena de experiencias y anécdotas que compartió siempre con generosidad con quienes se acercaban a conversar con él. Juan fue un ser humano sencillo, amable y servicial, cuya presencia en la Compañía dejó una profunda huella, especialmente en los más jóvenes, para quienes su sabiduría y serenidad representaban la guía de un hombre que vivió plenamente y que siempre estuvo dispuesto a aconsejar desde la experiencia.
Parte de su legado familiar continuó en la Compañía, pues sus hijos Guillermo (1995) y Pedro (2005) siguieron sus pasos como voluntarios, así como dos de sus nietos, actualmente inscritos en el libro azul.
A lo largo de su vida ejerció diversos oficios: profesor normalista de educación física, marino mercante, paracaidista y fotógrafo. Cada una de estas experiencias se reflejaba en sus relatos durante nuestras convivencias, como también en las numerosas ocasiones en que asistía a incendios y actos del servicio con su cámara fotográfica, registrando momentos y rostros que hoy son parte de nuestra memoria histórica. Era muy recordado también su gesto de acercarse a los voluntarios después de los procedimientos para regalarles un dulce, intentando aliviar el sabor a humo que deja el servicio.
En su trayectoria bomberil, Juan sirvió primero en la Segunda Compañía de Bomberos de Santiago, donde permaneció veinte años, desde 1960 hasta 1980, siendo parte de la generación que vivió el centenario del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Sus compañeros de la época lo recuerdan como un gran bombero y paracaidista; uno de ellos, Leonel O’Ryan, relató cómo Juan sobrevivió a un grave accidente tras la apertura tardía de un paracaídas, y cómo arriesgó su vida para salvar a otro bombero durante el incendio de Industrias Yarur el 24 de diciembre de 1964, sumergiéndose con él en una piscina de agua improvisada frente a una inminente bola de fuego.
Tras cerca de veinticinco años alejado de las filas activas, pero nunca de su vocación, Juan regresó al servicio el 14 de julio de 2006, esta vez en la Sexta Compañía, donde retomó con entusiasmo el camino del servicio comunitario y tuvo la alegría de compartir la vida bomberil junto a sus hijos Guillermo y Pedro.
Don Juan Guillermo Araya Arancibia, nuestro querido “Tiburón”, fue un hombre de trato sencillo, palabras elocuentes y presencia fraterna. Para los jóvenes, su vida entera es un ejemplo a seguir; para los antiguos, un recuerdo grato y entrañable; y para su familia, un motivo de profundo orgullo. Hoy nos despedimos de él deseándole un buen viaje a la eternidad, con la misma valentía y serenidad con que navegó los mares del mundo y enfrentó cada acto del servicio. Su legado permanecerá vivo en la memoria de nuestra Sexta Compañía y en el corazón de todos quienes lo conocieron.
