En un significativo acto de recuerdo y homenaje, la Sexta Compañía “Salvadores y Guardia de Propiedad” conmemoró el martirologio N° 61 de Carlos Cáceres Araya, Teniente Tercero y Alberto Cumming Godoy, fallecidos un 15 de noviembre de 1962, en el incendio de calle Huérfanos y Amunátegui.
La ceremonia fue presidida por el Director, Marío Hormazábal Montecinos, estando al mando de la compañía el Capitán sr. Mario Fernandez Batuone, la compañía de Salvamento formó en una plaza cercana al cuartel, acompañada de la brigada Juvenil “Capitán Enrique Artigas Villaroel”. Tras ello, el homenaje prosiguio en la “Casa de Matta”, coontando con la asistencia de los hermanos y familiares de los Mártires., Como es tradición, el Teniente Tercero Agustín García Sepúlveda, reflejó en sentidas palabras el ser de los Mártires de la Sexta, que ese fatidico 15 de noviembre ofrendaran su vida en acto del servicio junto a los voluntarios Patricio Cantó Feliú, de la 3° Compañía; Pierre Delsahüt Román, de la 4° Compañía; Rafael Duato Pol y Eduardo Georgi Marin, de la 12° Compañía.
Discurso Teniente 3° Agustín García Sepúlveda:
‘’ Por la Sexta, cuando llegue la ocasión. Esta es una frase que hemos escuchado en reiteradas oportunidades en el casino de nuestra compañía, al momento de elevar nuestras copas y brindar por nuestra unión, por los que ya no están, o por el simple hecho de enaltecer nuestro místico seis a través de canciones entonadas con emoción y orgullo. Sin perjuicio de lo anterior, es necesario detenernos un momento y pensar que es lo que significa realmente esta frase. Para poder entender un poco de aquello, es necesario observar como se ha construido nuestra compañía, a punta del esfuerzo y sacrificio de muchas personas, la cual no ha hecho distinción social y que ha albergado en sus filas desde aguerridos obreros hasta ministros de estado, e incluso un presidente de la república. Sin embargo, lo que realmente nos permite encarnar el espíritu de la Compañía de Salvamento, más allá del constante sacrificio, es el ímpetu que han tenido ciertas personas en el cumplimiento del más sagrado y abnegado deber que tiene un bombero, que es el dar la vida por los demás.
Nos reunimos en esta ocasión, para hablar especialmente de dos personas que supieron encarnar de la forma más pura lo que significa ser un bombero, me refiero al Teniente Tercero Sr. Carlos Cáceres Araya y al Voluntario Sr. Alberto Cumming Godoy.
14 de noviembre de 1962. Se cita la compañía a ejercicio, a su cargo el capitán Mario Candia, en el cual se realizaría la tan clásica maniobra de escalas conocida como la pajarera, una demostración de destreza y habilidad que caracterizaba a los escaleros de antaño. Por esas cosas de la vida, ese día no todo estaba sucediendo como era de costumbre y la maniobra sencillamente no resultó. Podríamos buscar un sinfín de justificaciones, atribuir responsabilidades o sencillamente mirar atrás y entender que la vida simplemente tenía otros planes para nosotros. Es así, como un fallido ejercicio fue lamentablemente la antesala de la tragedia más dolorosa para el Cuerpo de Bomberos de Santiago, y sin duda, un hecho que marcaría para siempre la historia de nuestra compañía.
Teniente Tercero Carlos Cáceres, integrante de la guardia nocturna, respetado por sus pares y de incuestionable disciplina dentro del cuartel, que fue fiel reflejo de su calidad como oficial, pero por sobre todo, del gran ser humano que recuerdan sus compañeros de la época. Corredor y ganador de la competencia José Miguel Besoain año 1959, Jefe de guardia y Teniente Tercero de la compañía electo el 15 de octubre de 1962.
Voluntario Alberto Cumming, integrante de la guardia nocturna, alegre y carismático, alguien que a su temprana edad desarrolló una destacable conciencia social y liderazgo, el cual demostró en las organizaciones estudiantiles las cuales participó. Sus actitudes dejan entrever que el altruismo y servicio por el prójimo eran sin duda una de sus cualidades que lo destacaban no solo como un gran compañero de bomba, si no como un tremendo ser humano.
15 de noviembre de 1962, nuestro sol de oro por tercera ocasión desde su constitución, no brillaría como de costumbre, si no que se enlutaría bajo el dolor de una triste tragedia, que en esta oportunidad tomó el nombre de Amunategui con Huérfanos.
6 voluntarios fallecidos y 24 voluntarios heridos, siendo atendidos y recibidos en la Posta Central, Instituto Traumatológico y Clínica Industrial. Un incendio de proporciones menores para la época, constituido principalmente por castillos de madera, albergo una tragedia que había arrebatado la vida de Pedro, Patricio, Eduardo, Rafael, Carlos y Alberto. El Cuerpo de Bomberos de Santiago tenía 6 nuevos mártires. La ciudad de Santiago mostró el más absoluto respeto y cariño por sus bomberos al acudir a los centros asistenciales a donar sangre para los voluntarios heridos, en donde se completaron todos los abastecimientos. Quien iba a pensar, que no solo por el trabajo mancomunado en las distintas emergencias, una terrible tragedia nos vincularía para siempre, con la Tercera, Cuarta y Duodecima compañías del Cuerpo de Bomberos de Santiago.
Una tragedia que nos demostró una vez más la fragilidad de la vida, una ocasión en la cual daban lo mismo las diferencias sociales y económicas, ya que, ante las garras de la muerte, sencillamente no podemos hacer más.
Puede que existan diferencias entre nosotros, las cuales nos hagan tomar distancia y cuestionar muchas cosas, pero es necesario tomar un respiro y pensar que lo único que no podemos solucionar sin poder echar pie atrás, es la muerte.
Carlos y Alberto son el más vivo ejemplo para las generaciones futuras, de que el cumplimiento de nuestro deber es algo sagrado que no debe ser empapado por nuestras diferencias.
Puede que las campanas de nuestro Mack ya no resuenen por las calles de Santo Domingo, puede que por los pasillos del viejo cuartel de Santo Domingo ya no se escuchen las animosas conversaciones de antaño, puede que ya no practiquemos la tan clásica maniobra conocida como la pajarera, puede que ya no sintamos la presencia física de Carlos y Alberto, pero es nuestro deber cuidar nuestra historia y convertirlo en las raíces de nuestro futuro, observando con admiración la entrega de estos Sextinos, que entraron a un viejo cuartel de Santo Domingo con la voluntad de ser parte la más pura manifestación de la sociedad civil organizada, y se quedaron para siempre en nuestra institución, como un ejemplo de lo que es dar la vida por los ideales.
Por aquellos que supieron dar la vida, que encarnaron nuestra causa de Sextinos, con una vida noble y fiel, que ha de ser siempre la divisa, que ilumine nuestra fe. Por la Sexta, por la Sexta… cuando llegue la ocasión.’’